Entre los objetivos de desarrollo del milenio establecidos por las Naciones Unidas está la disminución de la mortalidad infantil en menores de 5 años (1). Sin embargo, al analizar de forma más detallada cuáles son los fines que persiguen dichos objetivos y tomando en cuenta que éstos representan las necesidades humanas y los derechos básicos que todos los individuos del planeta deberían poder disfrutar (ausencia de hambre y pobreza extrema; educación de buena calidad, empleo productivo y decente, buena salud y vivienda, el derecho de las mujeres a dar a luz sin correr peligro de muerte; y un mundo en el que la sostenibilidad del medio ambiente sea una prioridad, y en el que tanto mujeres como hombres vivan en igualdad), quedan interrogantes y quizás anhelos con tintes utópicos.
En este orden de ideas, la labor de los médicos en particular y de todos aquellos que intervienen en el tratamiento de cualquier enfermedad, pero en especial, de aquellos que intervenimos en los niños con cáncer, tenemos una responsabilidad que no sólo radica en el diagnóstico, apropiada remisión, tratamiento y seguimiento de estos niños; sino también, en la obligación de promover todos los mecanismos y herramientas en la búsqueda del cumplimiento de dichos objetivos. Es decir, no sólo ser los formuladores de una receta “mágica” que busque la cura de estos niños.



Entonces, se hace imperativo preguntase ¿Por qué se mueren en Colombia los niños con cáncer más que en otros países? Son múltiples las situaciones que podrían incluirse pero en general, la mayor mortalidad se debe a que el diagnóstico es tardío por falta de conocimiento por parte de los médicos de esta enfermedad y su posibilidad de ser tratada, el difícil acceso de los niños a centros de tercer nivel (ya que las autorizaciones para la cita con un especialista pueden tardar muchas semanas, lo cual puede hacer que se pierda el momento oportuno para realizar una cirugía e iniciar el tratamiento), la demora en las autorizaciones por parte de las EPS que atrasa el diagnóstico y el tratamiento, los cambios de contratos de las EPS y los hospitales que llevan a estos niños a ser tratados con retrasos y en ocasiones en centros no calificados y bajo condiciones que siempre están orientadas a favorecer al asegurador y no la atención del paciente. En general, esto sucede porque las EPS, para economizar recursos prefieren hacer sus contratos con IPS que no tiene toda la infraestructura necesaria para ello.